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El día que decidí limpiarme la sangre

¿Por qué nació Izzy? Os lo conté en mi web, pero quizás es un buen momento para explicar bien el tema, porque puede provocar dudas. Parece que Izzy haya surgido de la nada como un champiñón, PLOP, un día no estaba y al siguiente andaba publicando tonterías en redes sociales y diciendo que tenía una novela, y ni siquiera tiene una cara… Pero ahí detrás tiene que haber alguien, ¿no?

Izzy Fredell, esa pobre incomprendida

Sí, detrás de Izzy estoy yo (y sí, tengo una cara). Izzy esconde a una escritora que lleva demasiados años publicando novelas de otro género. Ni mejores ni peores: simplemente no escribo romance con mi verdadero nombre, escribo fantasía oscura encharcada en sangre. Con violencia. Y víctimas. Y protagonistas bastante hechos polvo.

Una escritora a la que un buen día se le ocurrió que le apetecía escribir un romance. Feliz. Bonito. Alegre.

No era la primera vez. Hace años, allá por la pandemia (cuando por primera vez tuve ganas de escribir algo que me hiciera sentir feliz), hice una prueba publicando una novela igual de sangrienta, pero con bastante más romance del que acostumbraba a meter en mis libros. Lo único que hice fue subirle varios graditos la trama romántica (en este caso entre dos chicos, pero no creo que eso tuviera que ver con lo que vino después, o confío en que no).

Luego la sangre encima sale fatal


Lo que vino después fue que mis lectores se echaron las manos a la cabeza.

Resultó que mis muy fieles, leales y sanguinarios lectores esperaban de mí que siguiera dándoles tramas violentas con todos los extras de gore posibles. Que los personajes lo pasaran MAL. Y no me entendáis mal, a mí me encanta escribir esas novelas. Siempre he sido muy pro-happy ending, pero hasta llegar al happy ending mis personajes lo pasan muy muy mal. Algunos no llegan. Pero hay situaciones en la vida en las que incluso a la escritora más burra le apetece escribir algo más tierno.

La segunda vez no fue una pandemia sino algo más gordo. Me diagnosticaron una enfermedad de ésas que te cambian el horóscopo (yo no nací en julio pero mis médicos decidieron que sí). Y ante una situación así, tenía dos opciones: hacerme bicho-bola y hundirme, o intentar agarrarme a algo que me hiciera feliz para sobrellevar el tratamiento, que sí, amiguis, es tan puto como lo pintan y largo como el campo de Oliver y Benji. Todavía sigo en ello, y esto empezó hace casi tres años. Un rollo patatero. Qué le vamos a hacer, te toca, pues te toca.

Yo nací en primavera, pero ellos sabrán

Así que decidí escribir una comedia romántica. Así, sin más. Ni violencia, ni sangre, ni muertes: ya tenía suficiente de eso en mi día a día. Yo quería risas, amor y sirope de chocolate, y eso fue lo que escribí. Pero claro, la situación seguía siendo la misma: mis lectores, por comprensivos que sean, no esperan eso de mí. No quieren eso. Quieren a la otra Izzy, la que no se llama así, la que machaca personajes sin piedad. No la que los hace enamorarse.

¿Y qué hace una escritora cuando quiere sacar su lado más romántico, sensible y cómico pero su público sólo le acepta en lado que chapotea en sangre? Si insiste, sus lectores se van. Y los lectores a los que quiere llegar con la nueva novela no vienen, porque no saben que ese libro no rezuma sangre sino corazones.

Y sirope de chocolate, es importantísimo el sirope

¿Solución? Buscar otro nombre.

Así que Izzy nació para que yo pudiera escribir novelas románticas, llenas de risas, relaciones sanas, escenas bonitas, carcajadas y ternura radical sin asustar a mis lectores sedientos de sangre. Y todo el mundo feliz.


Si quieres saber más sobre mí, visítame en mi página web: 
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