Cuando hablamos de tropos o clichés, muchas veces empleamos ambos términos indistintamente. Yo, al menos, lo hago (no me juzguéis, ¿vale?); muchas veces es porque no distinguimos bien entre ambos.
 |
| Pero, entonces ¿son o no son lo mismo? |
Parecen, pero no. Aunque están tan relacionados que casi merecería la calificación «cuatro guindillas» en la escala
spicy de los términos literarios.
Los tropos (tropes, en inglés) son recursos o patrones narrativos que las escritoras usamos de forma recurrente y las lectoras ya reconocen, porque si se lo pones delante ochenta veces al final lo tienen que reconocer a la fuerza, que la gente que lee suele ser perspicaz. Funcionan, son tan familiares que ya se sienten un poco como hogar, casa-casa, familia, choza, chimenea encendida y chocolate calentito, y por eso se utilizan tanto para construir historias. Pueden ser situaciones (por ejemplo, en novela romántica, el romance de oficina o la cercanía forzada), tipos de personaje (quién no se ha topado con un grumpy vs sunshine o un mentor experimentado), dinámicas entre personajes (nuestro adorado enemies to lovers o el tan conocido «los opuestos se atraen»)…
 |
| Esto ya lo he visto, pero no pasa nada porque me encanta, dame más. |
¿Cuándo se usan bien los tropos? Cuando consiguen aportar familiaridad y lo hacen de tal forma que da gusto leerlos. Cuando se adaptan a las expectativas del género literario, dan a las lectoras de novela romántica lo que piden, pero están construidos de forma coherente y con estructura e intencionalidad. Por ejemplo, los
enemies son enemigos de verdad por razones reales y su relación evoluciona de una forma coherente hasta llegar al estadio
lovers. O un amor prohibido tiene una buena razón para estar prohibido o ser secreto, el conflicto está planteado con coherencia y su resolución también. No nos vale una tontería que haga que la lectora diga «venga ya, qué me estás contando, Mari».
 |
| Que yo me lo crea y que no sea siempre lo mismo, básicamente. |
¿Y qué es un cliché? Para entendernos, es un tropo gastado, predecible y falto de originalidad. Es uno de esos recursos que hemos visto antes, pero maltratado, repetido hasta la saciedad sin variación. No aporta nada nuevo, no inventa, es tan predecible que aburre. Es un «se nos rompió el amor de tanto usarlo» de manual.
 |
| Otra vez un triángulo amoroso en el que sabemos de sobra con cuál se queda NO, por favor |
Con los clichés lo que ocurre es que la lectora ya sabe de sobra lo que va a pasar. Y así es imposible que una novela tenga impacto emocional, que enganche a una lectora y no la suelte, que la deje temblando, mirando al techo y planteándose su existencia. Suelen dar más bien la sensación de que la escritora no ha hecho ningún esfuerzo creativo, o que la ejecución de la novela es perezosa. Por ejemplo, cuando el malo malísimo es malo porque sí, porque él lo vale, sin ningún motivo (o el motivo de siempre). O cuando el amor lo cura todo a niveles que rozan el surrealismo. El tío más tóxico que Chernobil que cambia por amor (el equivalente del «lo hizo un mago» en fantasía, básicamente).
 |
| Amor ex machina, baby. |
Resumiendo: los tropos se reinventan, son flexibles, evolucionan y están sujetos a cambio por parte de la escritora. Son estructuras que una escritora utiliza porque son familiares para la lectora y porque sirven como base, pero una base no es una historia entera: sólo es un punto de partida. A partir del tropo, la escritora da forma a una historia completamente original y sorprendente. A lo mejor incluso subvierte el tropo y todo. Pa chula, ella.
 |
| Lo único que quiero saber es que va a tener final feliz, sorpréndeme en todo lo demás, cariña. |
Los clichés, por el contrario, se han convertido en estructuras rígidas y predecibles. Son repeticiones de situaciones, personajes o dinámicas sin ningún esfuerzo por aportar originalidad. Son la comodidad narrativa llevada a su máxima expresión. Son el equivalente literario a pasar dos horas con dolor de vejiga por no levantarte para ir al baño.
 |
| Si al leer eres capaz de predecir hasta lo que se van a decir, algo falla. O falla todo. |
Por simplificar, todos los clichés fueron tropos alguna vez, pero están mal utilizados por repetición y por desidia. Al final, como en casi todo, que sea un tropo bien empleado o un cliché aburrido depende de la habilidad y las ganas de la escritora. De si se sacude la pereza y se levanta y se remanga y decide hacer algo distinto, o prefiere repetir lo mismo oootra vez porque pfff. Y no es que las lectoras odien los tropos en novela romántica: lo que odian es que una escritora no se esfuerce a la hora de usarlos. Es decir, odian los clichés.
 |
| Si no me vas a dar nada original, lo más interesante van a ser las palomitas. |
Si quieres saber más sobre mí, visítame en mi página web:
Comentarios
Publicar un comentario